3.- Imposición y resistencia
Dicen que la mundialización, liberalización de capitales, mercancías y mano de obra está acabando con los Estados. Dicen que si Inglaterra tiene que bajar la cabeza ante el poder de la UE, que si grandes empresas y edificios emblemáticos de EEUU son comprados por capitales exteriores, que si Japón necesita internacionalizarse ¿cómo nos atrevemos los vascos a desafiar a los tiempos pidiendo la independencia? ¿Acaso queremos malvivir pobremente comiendo solo berzas?
Hay una pugna entre la expansión permanente del capital y el corsé asfixiante del Estado burgués que nace de la contradición inherente a la definición simple de capital. O sea, la contradicción entre las necesidades expansivas de reproducción ampliada, de la valoración en suma, y las trabas inevitables impuestas por el capital constante, por el trabajo muerto materializado en estructuras pesadas y anquilosadas. Ella explica por qué el capital periódicamente readecúa sus Estados a las nuevas necesidades. Contradicción de toda economía dineraria, sea dentro del modo de producción tributario, como en la pequeña producción mercantil. Está especialmente agudizada en los períodos transicionales de un modo de producción a otro siendo en el capitalista donde adquiere mayor virulencia estructural. Las transnacionales, la financierización, la "economía de papel" o burbuja financiera, con sus terribles consecuencias globales, son parte del capitalismo y chocan con los Estados burgueses como un iceberg con el Titanic.
La mundialización desborda al Estado burgués e incluso a los tres Estado-continentes imperialistas en cinco áreas: uno, el mercado se mundializa y las grandes empresas venden cada vez más en cualquier parte del mundo; dos, la valoración del capital se mundializa y es mundial la fijación del tiempo de trabajo socialmente necesario, o sea, la ley del valor llega a su absoluto dominio; tres, la planificación se mundializa y el aumento de la composición orgánica del capital es imposible sin esa mentalidad mundializadora; cuatro, el espacio productivo se mundializa y el capital variable queda sometido a la dictadura de las deslocalizaciones y relocalizaciones y último, cinco, la financiación se mundializa y las empresas se independizan de sus "bancos nacionales" para financiarse en cualquier parte. Un efecto especialmente grave y peligroso de la mundialización es el aumento de las fuerzas desnacionalizadoras, uniformadoras y arrasadoras de las identidades populares.
Si el envejecimiento del Estado burgués nace de la contradicción expansivo-contrativa inherente a la definición simple de capital, la formación de nuevos poderes mundiales y tres Estados-continente viene de la pugna entre la tendencia a la baja de la tasa media de beneficio y la medidas de contratendencia. La mundialización impone medidas mundiales pero su efectividad depende de su adaptación a los marcos sociales y nacionales. En suma, de la acción de la ley del desarrollo desigual y combinado a escala planetaria. Según circunstancias e historia de cada pueblo, las medidas impuestas chocarán con más o menos lucha, con nula o con desesperadas guerras de resistencia nacional y social de un pueblo que se niega a ser desnacionalizado, reducido a simple moneda de cambio, estercolero y basurero, prostíbulo exótico de la industria mundial sexo-turística, tierra a desertizar y deforestar, espacio de libre piratería comercial y saqueo financiero.
La llamada "cuestión nacional" es el rechazo histórico de muchísimos pueblos a ser ocupados, desnacionalizados y expoliados por poderes extranjeros. Surge del choque entre poderes que necesitan esquilmar más y más áreas, regiones, continentes y ya todo el planeta, y los grupos humanos que habitan esos territorios avasallados y que se niegan a perder su lengua, cultura, forma y contenido mental y psicológico de estar en un país por ellos humanizado y a él unidos. Si buceamos sin gafas de plomo eurocéntricas en la historia veremos abundantes, heroicas y desesperadas resistencias clánicas, tribales, étnicas, etno-nacionales y nacionales. También veremos abandonos, traiciones, miedo de las minorías ricas de esos pueblos a perder sus riquezas si resisten al invasor y, para mantenerlas y aumentarlas si cabe, pactos con él convirtiéndose en su lacayo interno, chivato, delator, colaborador y fiel sirviente.
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